| Ex-Convento del Carmen Alto |
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    El convento no se percibe desde la calle porque siguieron en su construcción la forma del terreno que en esta parte sufre una natural y pronunciada inclinación hacia el lado oriente. Esta circunstancia respondÃa muy bien a la regla Provincial, pues alejados del apostolado directo y más cerca de la vida de clausura y observancia regular, no tenÃan los conventuales mayor interacción con los habitantes del barrio.      Quizá por esta misma razón el convento fue -y asà llegó a nosotros- de una severa austeridad sin decoración ni adornos. El templo, cuya planta de cruz latina revela su origen barroco, tuvo en el interior un desbordado adorno de sus muros y sus retablos y aunque la decoración actual es relativamente reciente y de una libre interpretación de elementos tÃpicos del estilo barroco, no carece de interés.     Pero este templo sobresale entre todos los templos oaxaqueños (excepción hecha del de los 7 PrÃncipes), por el pórtico o Nártex que forma el primer cuerpo de la fachada y que es en realidad un vestÃbulo que prepara el ingreso al templo.      El segundo cuerpo de la fachada muestra el cuadro dedicatorio en el que la Virgen del Carmen, coronada, cobija bajo un amplio dosel -que sostienen dos querubines-, a un número de feligreses. Al lado de este cuadro pueden verse dos grandes medallones con relieves simbólicos de la Orden Carmelitana.     Tiene también el templo una puerta lateral que se abre al atrio y en ella destaca en primer lugar la magnÃfica y de buena fábrica escultura de San José con el Niño Jesús, cómodamente alojados dentro de un nicho y en segundo lugar, una gran cruz que remata la portada, también un sÃmbolo que recuerda que ahà estuvo primero la ermita de la Santa Cruz.      Tras la exclaustración ordenada por las Leyes de Reforma, el convento sirvió de todo. En el año de 1871 era cuartel y ahà estaba el depósito de pólvora que se prendió provocando la explosión que derrumbó la cúpula y otras partes del templo que estaban cerca del polvorÃn.      Los frailes Carmelitas, a pesar de la estricta clausura que observaban, parecen haber tenido buena aceptación entre los habitantes del barrio y aun se conserva en la memoria que fueron ellos, los conventuales, quienes recuperaron los cadáveres degollados y mutilados de Armenta y López ejecutados por los realistas en la guerra de Independencia. No por insurgentes sino por piedad, pues también dieron cristiana sepultura a los que después mandó ejecutar el GeneralÃsimo Morelos cuando tomó la ciudad, en 1812.
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